Día del libro
Se acerca el 23 de abril y, como cada año, vuelve el bendito dilema: cómo celebrar el Día del Libro sin que parezca una obligación más del calendario escolar. En un mundo donde las pantallas nos ganan por goleada, en el cole seguimos empeñados en demostrar que no existe mejor efecto especial que el que provoca una buena historia en la imaginación.
Este año queremos que la literatura salte de las estanterías al patio. Por eso, el jueves 23 de abril invitamos a todo el alumnado —y también a los docentes valientes que se animen— a venir al centro caracterizados de su personaje de cuento o libro favorito.
No buscamos disfraces perfectos ni producciones de Hollywood. Nos interesa la esencia, la chispa que conecta a cada niño y niña con su personaje. A veces, unas trenzas despeinadas y medias de colores nos traen a Pippi Calzaslargas; una camiseta de un color y un gesto divertido bastan para convertir a cualquiera en El Monstruo de Colores; una bufanda amarilla y una estrella en el bolsillo nos recuerdan a El Principito; y unas alas de cartón o una falda negra con detalles rosas pueden dar vida a Isadora Moon. Queremos ver a Caperucitas cruzando el patio, a Matildas curioseando por los pasillos y a algún que otro Gerónimo Stilton dispuesto a resolver misterios escolares.
Será una oportunidad fantástica para que compartan qué están leyendo, qué historias les han marcado o qué mundos les gustaría visitar. Porque, al final, se trata de recordarles que los libros no son objetos estáticos que acumulan polvo, sino puertas abiertas a lugares donde ellos mismos pueden poner las reglas.
Estamos deseando ver quién aparece por la puerta esa mañana. Nos proponemos que, al menos por un día, la realidad del colegio sea un poco más fantástica y bastante menos previsible.
Nos vemos entre páginas.
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